presagiando en su vuelo el nocturno sopor
de las sombras furiosas de rapaces halcones
al vuelo encarnado y feroz del dolor.
Me acurruco en tu espalda de nieve y de mármol
y respiro tu aliento en tus trozos de piel
descansando mi pecho en tus breves momentos
de historias de sueños de vidrio y papel
Coloco despacio mi beso en tus alas
y el cristal de tu cárcel vuelve a reflejar
unos ojos nublados rasgar las entrañas
tumbas inconstantes, migajas de paz.
La garras de entonces rasgaron mi carne,
huellas que jamas se pudieron borrar
la aurora me devuelve el olor de tu sangre
cojo mis despojos dispuesta a marchar.
Mujer y maestra Nilda Rosalba Cano
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